Publicado originalmente en Prensa
El diagnóstico de Catalina fue totalmente imprevisto. En ese tiempo era jefa de carrera de una universidad, por lo que su vida y trabajo eran intensos. El primer síntoma fue cansancio extremo y cefalea. Lo atribuyó a estrés. Fue a un psiquiatra quien se lo confirmó, pero le pidió un hemograma y, al salir alterado, le aconsejó que visitara a un hematólogo.
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